La cordura es un conjunto de cualidades o características que se consideran necesarias para un comportamiento adecuado, razonable y coherente. Se asocia con la inteligencia, el buen juicio, la prudencia y la madurez.
Se podría definir como el equilibrio entre los sentimientos y las emociones, y el pensamiento racional. Es decir, ser capaz de tomar decisiones con una perspectiva estable y objetiva sin dejarse llevar por los impulsos. Una persona con cordura sabe valorar los hechos, analizarlos y actuar en consecuencia sin caer en la imprudencia ni en las exageraciones. Esta cualidad ayuda a conservar la serenidad en situaciones difíciles o conflictivas, a evaluar los pros y los contras del asunto y a buscar soluciones sensatas.
Se puede afirmar que tener cordura supone saber gestionar adecuadamente el propio comportamiento, llegando a conclusiones realistas sobre la situación presente y haciendo lo correcto según las circunstancias. Aporta estabilidad mental para afrontar problemas con fortaleza e inteligencia.


