La jeringuilla fue inventada en el siglo XIX por Alexander Wood, un cirujano escocés. Wood se dio cuenta de que los pacientes con dolor de cabeza crónico mejoraban si se les administraba una pequeña cantidad de opio directamente en la sangre. Para lograr esto, diseñó un dispositivo que permitiera inyectar opio a través de una aguja pequeña. La aguja estaba conectada a un frasco de vidrio lleno de líquido y el frasco tenía una válvula para controlar la cantidad de líquido que fluía a través de la aguja.
Wood intentó patentar su invento, pero nunca lo consiguió debido a problemas legales. Sin embargo, su invento fue todavía más útil para otros fines médicos y fue adoptado ampliamente en el siglo XX. Hoy en día, la jeringuilla se usa para administrar medicamentos, anestesia y otros tratamientos directamente al sistema circulatorio del paciente.


